Si hace falta

7 Ene

Me gusta estar de nuevo en la cabina de comando. Me gusta reclinarme y dejar de lado el trabajo mundano, necesariamente banal, para lanzar mis experiencias al espacio digital. Quisiera escribir de la mano de un pucho; Quisiera y a la vez no, y he ahí el gran problema. Enfrentarse de cara a la incoherencia interna y llorar la partición con cenizas grises y humo incoloro. Una pausa. Y ya van tres semanas, o tal vez son seis. El número es irrelevante, la tranquilidad es del segmento.

Un Ah prolongado indica satisfacción; Ah, No Fumar. Hay algo de superioridad en el hecho de evadir las conductas auto destructivas, como si incurrir en determinados delitos sociales nos rebajara de categoría. Los veo llevarse el humo a la boca cada vez más ajena. Reconozco la distancia que crece porque lo he vivido antes. Cada vez es menos propio, menos uno y más otra cosa. Me deleito en mis pensamientos aunque se que nada de eso importa realmente; más allá de la imagen que proyecto, del olor a perfume no viciado que desprendo, o del abrazo de mis pulmones, desbordo de placer al sobreponerme a la inconsistencia interna, exudo victoria escalando las rocas de la partición.

Hubiese querido hablarles antes, pero entonces el silencio.

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